Sentinel del Norte: el paraíso que no se puede visitar por la hostilidad de sus habitantes

Es una isla tan peligrosa que hay una zona de exclusión de 5 kilómetros.

Existe un lugar en el mundo en el que no se sabe cuántos habitantes hay ni qué idioma hablan. No se sabe prácticamente nada de ellos, salvo esto: son tremendamente hostiles. Esta animosidad con cualquier extranjero es, sin embargo, probablemente una de las causas por las que aún existan. Aquí la historia de la isla Sentinel del Norte y sus aguerridos habitantes.

Los sentineleses son prácticamente desconocidos incluso entre los nativos de las islas vecinas.

Sentinel del Norte es una isla situada en el océano Índico, más precisamente en el golfo de Bengala. Forma parte del archipiélago de las paradisíacas islas Andamán y Nicobar y está administrada, en los papeles, por el Gobierno de India. Sin embargo, a diferencia de sus islas vecinas, este territorio no está dentro de los destinos turísticos de los viajeros. Ni siquiera las autoridades indias se acercan a sus costas: sus habitantes ya dejaron bien en claro que no quieren visitantes. 

La primera prueba de esto tuvo lugar en 1867, cuando el inglés Jeremiah Homfray se acercó con su bote a la isla en busca de fugitivos de la colonia penitenciaria británica que se había instalado en el archipiélago. No obstante, al divisar la costa, sus acompañantes nativos de las islas cercanas entraron en pánico: allí estaban los temibles sentineleses. Pegaron la vuelta. 

Unos años después, otro explorador británico tuvo mejor suerte. Estuvo en contacto con los nativos y les llevó cocos de regalo. Se fue con la intención de volver para poner una plantación de cocos en la isla, pero ya no fue recibido. Se estima que en su primera visita introdujo virus y gérmenes para los que la población, por estar aislada, no tenía defensas. Puede ser que haya diezmado a la tribu y que desde entonces se hayan convencido de que los extranjeros no traen nada bueno. 

Unos cien años después, en 1974, un director de cine quiso filmar un documental para National Geographic, pero al desembarcar fue recibido con un flechazo en la pierna. Mejor suerte tuvo el antropólogo indio Triloknath Pandit, quien hizo varias excursiones a la isla con su equipo. Aunque la actitud de hostilidad nunca se fue del todo, pudo ganarse algo de su simpatía con regalos como cocos y bananas. Pese a su éxito, Pandit luego se arrepintió de su expedición puesto que violaron el derecho de los nativos a no ser molestados, como es su deseo. «Demostraron una y otra vez querer ser dejados en paz», ratificó en un comunicado la ONG Survivor International.

El Ministerio de Defensa indio de tanto en tanto sobrevuela la isla para ver el estado de sus habitantes, pero lo hacen a una distancia  prudente.

Como se dijo, la isla pertenece, en los papeles, a India. No obstante, el último contacto que las autoridades indias tuvieron con los sentineleses fue en 2005, cuando quisieron ver si la tribu había podido sobrevivir el tsunami que arrasó indonesia a fines de 2004: el helicóptero fue recibido con lanzas y flechas. Un año después, dos pescadores indios fueron asesinados. Desde entonces, Nueva Delhi estableció una zona de exclusión de 5 kilómetros alrededor de la isla y advirtió del peligro mortal que significa acercarse. Aunque hay una amplia seguridad desplegada, algún que otro curioso logra escabullirse solo para pagar luego las consecuencias. Sin embargo, el Gobierno no se hace cargo de lo que suceda ahí dentro.

En 2018, un misionero estadounidense quiso desembarcar en la isla para llevar el cristianismo, pero fue asesinado y su cuerpo no se pudo recuperar.

Los pocos datos que se conocen de los sentineleses

Gracias a las expediciones que pudieron realizarse, se sabe que la fisonomía de los sentineleses es muy diferente a la de sus vecinos, puesto que tanto hombres como mujeres son muy altos (alrededor de 1,85 metros de altura). Esta y otras características indican que probablemente descienden de los primeros africanos que abandonaron el continente con rumbo a Australia hace unos 60 mil años. 

Los restos del barco terminaron como puntas de flecha y lanzas.

Su economía se basa en la caza y en la pesca y no manejan la agricultura. Más aún, introdujeron el hierro en sus instrumentos a partir de 1981, cuando un barco quedó varado en sus costas, cuyos restos pueden verse desde el aire. Por otro lado, también se tiene la certeza de que son extremadamente vulnerables. A causa del total aislamiento en el que viven, cualquier virus podría significar una tragedia para la tribu de entre 50 y 150 habitantes. Finalmente, aunque totalmente agresivos con cualquiera que se acerque, los habitantes de Sentinel del Norte no son caníbales.