Cuando Bergoglio bendijo una carpa en Plaza de Mayo para protestar por la invasión a Irak

En marzo de 2003, el entonces arzobispo de Buenos Aires dio el visto bueno para la instalación de una carpa en la histórica plaza, a modo de repudio a la guerra contra Irak que lideraron Estados Unidos y Reino Unido.

El jueves 20 de marzo de 2003, cuando la Argentina estaba sumida en plena campaña electoral para las primeras elecciones desde la crisis de diciembre de 2001, el país y el mundo se conmovieron con la noticia de que una coalición liderada por Estados Unidos y Reino Unido iniciaba una nueva guerra: el bombardeo e invasión a la Irak de Saddam Hussein, en represalia por la posesión de armas de destrucción masiva, que la historia demostró años después que nunca existieron.

Las respuestas autoconvocadas y espontáneas a una nueva guerra florecieron por todo el planeta. Y la Argentina no fue la excepción.

-Viki, empezá a fijarte en la guía números de gente que alquile carpas.

-¿Para qué José, qué vamos a hacer?

– Vamos a poner una carpa en la Plaza de Mayo para protestar contra la guerra en Irak. Hay que mostrar el rechazo a esta locura.

Ese fue el diálogo que tuvieron en la Vicaría Episcopal de Educación de la Ciudad de Buenos Aires José María del Corral y Victoria Morales Gorleri. Los dos trabajaban junto al entonces arzobispo Jorge Bergoglio y, mientras su jefe estaba de viaje en Roma, habían decidido poner manos a la obra.

Nos enteramos por televisión que Estados Unidos atacaba Irak. Y éramos muchos lo que por primera vez veíamos, casi como si fuera una película, la muerte de tanta gente en directo. Esa mañana estábamos muy movidos con las imágenes que llegaban. Ahí, entre varias personas con las que hablábamos, coincidimos en que había que hacer algo para repudiar la guerra”, recordó en diálogo con Télam Del Corral, hoy presidente de la fundación Pontificia Scholas Occurrentes.

La carpa por la paz

Con todo su equipo conmovido por las noticias que llegaban desde Medio Oriente, Del Corral planteó la idea de la carpa desde el edificio de la calle Juan Perón 327, en el epicentro porteño. Y ese mismo jueves 20, a las 20 horas, con el lema “Mano a mano con la paz”, instalaron la carpa en Plaza de Mayo.

La carpa medía 10 metros por 10 metros y estaba envuelta por una bandera argentina. En su interior, además de velas, había tres carteles con una palabra escrita en cada uno: Paz, Salam y Shalom. El mismo concepto, en español, hebreo y árabe, escrito en letras blancas sobre fondo celeste.

En el acto de apertura hubo una oración interreligiosa a cargo del presbítero Juan Torrella, vicario episcopal de Educación del arzobispado de Buenos Aires; de Sheik Mosen Ali, director de la Casa para la Difusión del Islam; del rabino Arie Sztokman y de Héctor Raimondo, del Consejo de Educación Cristiano Evangélico.

Haciendo suyo el concepto “La paz no duerme”, Del Corral y Morales Gorleri pasaron allí la primera noche, y harían lo mismo en las siguientes 19 noches.

“La carpa por la paz fue algo muy gracioso ya que Bergoglio no estaba en la Argentina“, recordó Morales Gorleri.En efecto, el entonces arzobispo Bergoglio estaba en el Vaticano participando de un encuentro plenario de la Pontificia Comisión para América Latina, de la que era consejero desde diciembre de 2002.

Ya el viernes 21 aparecieron los primeros inconvenientes con la Policía queriendo desalojarlos, según contó Del Corral. Las fuerzas nacionales y locales habían pedido correrla de la plaza e incluso la curia porteña se había mostrado en contra, pero todos encontraban que el apoyo de Jorge Bergoglio a Del Corral era explícito.

Desde Roma, Bergoglio monitoreaba el andar de la carpa ya que incluso dentro de los muros vaticanos se sentía con fuerza el movimiento pacifista contra la guerra

Por eso, la carpa resistió.

Se mantuvo en pie hasta el 9 de abril, sólo dos semanas antes de las elecciones, cuando el entonces presidente Eduardo Duhalde consiguió que la levantaran. En ese período, el mandatario incluso viajó a Roma para entrevistarse con Juan Pablo II el 7 de abril.

Fuentes cercanas al ahora Papa contaron a Télam que Duhalde lo llamó desde Argentina. Bergoglio lo escuchó y le dijo que se ocuparía apenas volviera. Y así lo hizo, cuando regresó 20 días después.