Cómo utilizar el líquido refrigerante, una ayuda clave para proteger el motor del auto en el invierno

Las olas polares con mañanas con marcas térmicas cercanas a cero grados no solo afectan a las personas sino también a los automóviles. Todo lo que hay que saber para cuidarlos
Con temperaturas tan bajas como las que se están registrando estas semanas en gran parte de Argentina, cuidar el motor del auto de un golpe de frío o congelamiento es tan importante como abrigarse adecuadamente antes de salir de casa.
En ese cuidado, el líquido refrigerante y el adecuado tiempo para que el motor tome temperatura antes de empezar a acelerar, pasan a ser dos de las principales preocupaciones de los usuarios de autos, especialmente de aquellos que dejan sus vehículos estacionados a la intemperie.
Aunque muchas veces se lo relaciona exclusivamente con evitar que el motor se recaliente, la función del líquido refrigerante es bastante más amplia. El líquido que circula por el sistema debe ayudar a mantener una temperatura estable, evitando picos altos como bajos, para poder proteger los componentes internos contra la corrosión y evitar que el fluido se congele cuando las temperaturas descienden demasiado.
En otros tiempos había una diferencia entre anticongelante y líquido refrigerante, pero desde hace muchos años, las propiedades de este último son las de cuidar ambas condiciones, la del congelamiento y también del recalentamiento. Por eso, utilizar sólo agua como refrigerante no es una buena alternativa para el funcionamiento habitual de un auto moderno.
Además de controlar la temperatura, es un líquido que contiene aditivos destinados a proteger metales y otros componentes del circuito frente al óxido, la corrosión y la formación de depósitos. Una refrigeración deficiente, por lo tanto, no necesariamente se manifiesta de inmediato con una aguja de temperatura elevada: también puede generar deterioro progresivo en el radiador, la bomba de agua, conductos y otras piezas.
Las formulaciones y tecnologías disponibles son diferentes —entre ellas IAT, OAT y HOAT— y no todos los vehículos utilizan el mismo tipo de producto. Por eso, al momento de reemplazar o recargar el líquido refrigerante, no solo hay que prestar atención al color del envase y del líquido en sí mismo, sino la especificación indicada por el fabricante del vehículo que está explicada en el manual del usuario.
Aquí aparece otra de las dudas más frecuentes. Existen productos que vienen listos para usar y otros que se comercializan concentrados. En este último caso, el líquido debe mezclarse con agua en la proporción indicada por el fabricante.
Una combinación 50/50 de refrigerante y agua destilada es habitual en numerosos sistemas y permite obtener un equilibrio entre protección contra congelamiento y capacidad para absorber y disipar calor. Algunos productos actuales, incluso, ya vienen preparados en esa proporción y no requieren ninguna dilución. Solo se trata de leer la etiqueta del envase para comprobarlo.
Al diluir el líquido refrigerante es fundamental hacerlo con agua destilada o desmineralizada y no con agua de la canilla, porque esta contiene minerales que pueden favorecer la generación de depósitos y corrosión dentro del circuito, algo que es más peligroso aun en autos modernos en los que se suelen utilizar componentes de aluminio y diferentes aleaciones metálicas.
Tan importante como elegir el líquido correcto es controlar periódicamente su nivel. Con el motor frío, el depósito debe encontrarse entre las marcas de mínimo y máximo indicadas por el fabricante.
Si el nivel baja con frecuencia, no hay que limitarse a completar el depósito. Un circuito de refrigeración que pierde líquido puede tener una fuga en una manguera, radiador, bomba de agua, depósito o alguna otra parte del sistema. Continuar circulando de esa manera puede terminar provocando un sobrecalentamiento y una reparación mucho más costosa por roturas mecánicas.
Tampoco es recomendable abrir el depósito cuando el motor está caliente: el circuito trabaja presurizado y el líquido puede alcanzar temperaturas capaces de provocar quemaduras apenas se abre una válvula de salida como es la acción de sacar la tapa.
Aunque el líquido no haya bajado su nivel en mucho tiempo, no es eterno y debe reemplazarse para que no pierda la efectividad en mantener controlada la temperatura de uso del motor.
No existe un único intervalo válido para todos los automóviles. Algunas formulaciones modernas están preparadas para permanecer varios años y muchos kilómetros, pero otras no, y pierden sus propiedades esenciales. Por eso es fundamental respetar el programa de mantenimiento establecido por cada fabricante y asegurarse qué líquido se coloca en cada cambio.
Tanto en las bajas temperaturas del invierno como cuando llega la época de mucho calor la mayoría de los usuarios recuerda revisar el nivel del líquido refrigerante, pero la realidad es que el adecuado funcionamiento del motor debe conservarse todo el año porque preserva la mecánica, y fundamentalmente, evita un mal funcionamiento que puede terminar en mayor consumo de combustible o roturas de elementos con un costo de reparación mucho más alto que cuatro litros de líquido refrigerante.
Es un error muy común creer que lo ideal es encender el motor y dejarlo calentando 5 o 10 minutos, para después salir a circular por la vía pública. Pero en esa idea no está contemplada la otra parte móvil que tiene la mecánica de un auto, que es la transmisión.
Si bien algunas partes como los extremos de dirección o los semiejes empiezan a calentarse de a poco por la cercanía física con el motor cuando este está ya funcionando, algunas piezas que tienen movimiento necesitar la acción directa para entrar en temperatura de funcionamiento adecuadas, como la propia caja de cambios.
Para cuidar la caja de cambios de las bajas temperaturas, después de unos minutos de tener el motor en marcha, es recomendable salir despacio, a baja velocidad, y empezar a mover las partes internas de la transmisión también. En pocas cuadras todo estará ya en su temperatura correcta y recién entonces se puede subir la velocidad al uso normal.
Fuente: Infobae



