Social

¿Reflejo quien digo ser o estoy aparentando? Esa es la cuestión

Hubo una pregunta que despertó mis ganas de escribir esto, y fue la siguiente: ¿Si alguien ve tu manera de vivir, vería a Dios? Seamos objetivos, miremos nuestra rutina de un día en nuestras vidas y pensemos si lo que hacemos representa al Señor. En nuestro trabajo, en nuestra casa, con la familia, con el jefe, con los compañeros, con amigos, con alguna persona que no nos cae del todo bien.

Me gustaría que pensemos juntos y seamos autocríticos acerca de nuestras propias acciones. Lo que hacemos es el resultado de nuestras creencias, es el resultado de nuestra fe. Hacemos porque creemos.

Creemos en Jesús, pero ¿hablamos como Jesús hablaba? ¿Actuamos como Jesús actuaba? ¿Respondemos frente al enojo, la tristeza o la injusticia como Jesús lo hacía? Claro que no somos Jesús y nunca llegaremos a serlo, pero nuestro objetivo no solo se trata de creer, sino de HACER, y de cada día parecernos más a Él. Creemos en Jesús y, por eso, accionamos como Él (o, por lo menos, lo intentamos).

La forma en que vivimos nuestro presente nos define, pero también nos representa como miramos el pasado y el futuro. Podemos dar testimonio de nuestro pasado y mirar al futuro con esperanza si tenemos a Dios en nuestras vidas. Eso también nos hace diferentes. Si alguien nos escucha hablar de nuestro pasado o del futuro —que a mucha gente la pone mal y le genera ansiedad— ¿verían a Dios? ¿Reflejamos a Dios en nuestras conversaciones acerca de esto?

Una cosa es hablar de Dios, ponerme una camiseta con un versículo y caminar con la Biblia bajo el brazo, pero si mis acciones realmente no reflejan lo que creo, creamos una contradicción enorme y todo nuestro discurso es inútil. Una fe que no se manifiesta en acciones concretas no es genuina ni tiene valor. El libro de Santiago dice que una fe verdadera debe ir acompañada de hechos que la demuestren, mostrando que la fe por sí sola es insuficiente.

Somos herramientas de Dios en un mundo donde muchas veces ser egoístas es la solución. Pensar en nosotros mismos y hacer lo que nos hace felices. Si al otro no le gusta es un problema del otro. Entiendo que, en muchos aspectos, no podemos vivir por los demás, pero podemos y debemos ser diferentes. Si puedo ayudar a quien lo necesita, lo voy a hacer. Si debo dar la milla extra, la voy a dar y, no por obligación, sino como forma de demostrar que creo en un Dios que está conmigo y me ayuda a ser mejor día a día.

Creo en un Dios de amor, por eso amo.
Creo en un Dios de oportunidades, por eso también las doy.
Creo en un Dios paciente conmigo, por eso yo también seré paciente con el prójimo.
Creo en un Dios que no sólo dijo que vendría a salvar al mundo, sino que lo demostró con hechos, muriendo en la cruz por mí.

Todo eso y muchos más debemos representar con hechos, porque creer nos invita a hacer. ¡Que Dios te bendiga!

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba